FORMACIÓN PERMANENTE DE CATEQUISTAS
VICARIATO APOSTÓLICO DE ZAMORA, ECUADOR

1. Dios se manifiesta en signos
Para comprender la liturgia y los sacramentos es necesario saber bien lo que es un ‘signo’. En la vida moderna vivimos continuamente en medio de ‘signos’. Una huella digital es un signo, que la policía estudia, por ejemplo: para dar con el autor de un crimen. El humo que aparece a los lejos es signo de fuego. Un semáforo en rojo es signo de que no se puede pasar. El darse la mano es signo de amistad. Hay, pues, cosas, acciones, palabras, etc. que son signos.
El hombre tiene necesidad de signos, precisamente porque no es sólo espíritu sino que está compuesto de alma y cuerpo, y se expresa por medio de cosas, palabras, acciones, etc.
También el Señor, que sabe muy bien cómo estamos hechos, ha querido usar signos para transmitirnos sus dones espirituales: la gracia y la vida divina... El mismo durante su vida en Palestina, usó signos (cosas, como el agua; gestos, como imponer las manos, tocar las orejas o la lengua, soplar, etc.), para expresar las realidades divinas que quería transmitir a los hombres.
Jesús no sólo usó signos, sino El mismo es el gran signo de la misericordia salvadora de Dios. Dios no ha querido salvarnos en forma puramente espiritual, sino de manera sensible, esto es, correspondiendo a nuestra naturaleza de cuerpo y alma. El cuerpo depende de los sentidos que, a su vez, trasmiten sus percepciones a la mente o espíritu. A esto corresponden los signos que recibimos con nuestros sentidos, esto es, corporalmente y nos señalan realidades invisibles del alma.
Dios se hace visible y palpable en la encarnación de su Hijo (Jn 14, 9; Col 1,15; Tit 2,11; 1 Jn 1,1). Y toda la obra de Cristo nos manifiesta el amor salvífico del Padre (Jn 3,16). De aquí decimos con razón, que Jesús es el signo por el cual el Padre se manifiesta.
2. Los sacramentos son signos eficaces
La reflexión teológica ha definido los sacramentos como signos eficaces de comunicar la gracia:
* como signos señalan realidades invisibles, las gracias salvíficas que Cristo nos concede;
* como signos eficaces transmiten las gracias realmente.
El sacramento no sólo es signo, sino, al mismo tiempo, es medio que trasmite al hombre la gracia y produce en él la salvación.
Si la humanidad de Cristo es el gran signo de la acción salvadora de Dios y él mismo es también el medio o mediador de las gracias salvadoras (Hebr 9, 15), la definición de sacramento como signo eficaz de comunicar la gracia en primer lugar debe aplicarse a Cristo. Cristo es el sacramento primordial de nuestra salvación.
El Concilio Vaticano II nos enseña que esta función sacramental de Cristo continúa en la Iglesia:
“Todo el bien que el pueblo de Dios puede dar a la familia humana, al tiempo de su peregrinación en la tierra, deriva del hecho de que la Iglesia es sacramento universal de salvación, que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre.” (Gaudium et Spes 45)
“Antes de subir al cielo (Jesús) fundó su Iglesia como sacramento de salvación, y envió a los apóstoles a todo el mundo, como él había sido enviado por el Padre (Jn 20, 21).” (Ad gentes 5)
“La Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano.” (Lumen gentium 1)
3. En los siete sacramentos Cristo extiende su sacramentalidad salvífica a todos los fieles.
Cristo entregó a su Iglesia los siete sacramentos o ritos sacramentales, para que por medio de ellos, pudiera comunicar a todos los hombres y mujeres su salvación, de acuerdo con su situación concreta. La Sagrada Escritura nos testifica la institución del bautismo (Mt 28, 19), de la Eucaristía (Lc 22, 19-20); 1 Cor 11, 23-26) y de la Penitencia (Jn 20, 22-23); nos relata que los apóstoles confirmaron (Hecho 8, 15-17); invita a recibir los sacramentos de la Unción de los enfermos (Stgo 5, 14-15); y del Matrimonio (1 Cor 7, 39; Ef 5, 31-32); y habla de la imposición de manos, por la cual algunos reciben poderes sacerdotales (He 6, 6; 1 Tim 4,14; 5,22; 2 Tim 1, 6-7).
Encontramos en la Biblia las palabras expresas de la institución de tres sacramentos solamente. Pero es evidente que los apóstoles, al administrar también los otros y al enseñarnos respecto de ellos, no procedieron por iniciativa propia, sino por mandato del Señor. Cristo mismo es el autor de los siete sacramentos. En ellos, él, que es el Sacramento Primordial, extiende su acción salvífica, en la Iglesia y por medio de ella, a los fieles de todos los tiempos.
4. La eficacia de los sacramentos
Los sacramentos son administrados por seres humanos; sin embargo en ellos actúa Cristo mismo. De aquí se explica su eficacia infalible, siempre que el hombre se disponga debidamente a recibirlos y no ponga ningún obstáculo. Cristo “está presente con su fuerza en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza” (Sacr. Conc. 7). Lo mismo ha de decirse de los demás sacramentos. El ministro actúa como instrumento en la mano del Señor. Una herramienta, por ejemplo un serrucho, no corta nada por sí mismo, sino sólo cuando el hombre lo maneja. De igual manera, el ministro por sí solo es incapaz de comunicar la salvación, a no ser que Cristo se valga de él lo que sucede en los sacramentos. Algunas fórmulas sacramentales expresan claramente esta realidad Cuando el sacerdote dice: “Yo te absuelvo” y “esto es mi cuerpo...”, es evidente que Dios perdona los pecados y Cristo se hace presente bajo las especies eucarísticas. Por eso Cristo es el autor principal como indican estas fórmulas sacramentales; el sacerdote es sólo instrumento de que Cristo se vale.
“Para realizar una obra tan grande Cristo está presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro...” (Sacr. Conc. 7).
5. La esencia de los siete sacramentos: signo externo y gracia interna
El signo externo de los sacramentos se compone de dos elementos, de la “materia” (Material y/o gesto: agua, óleo, pan, vino, unción, imposición de manos) y de la “forma” (fórmula sacramental).
La gracia interna producida por el sacramento es de doble naturaleza. Todos los sacramentos confieren gracia santificante: el bautismo por primera vez, la penitencia la restituye, los demás sacramentos la aumentan. Además, cada sacramento proporciona su gracia específica, que es simbolizada por el signo externo.
6. En los sacramentos Cristo continua “haciendo el bien y curando a todos los oprimidos” (He 10,38)
Por medio de los siete sacramentos Cristo acompaña a sus fieles en los momentos más importantes o apremiantes de su vida. (cf. Sacr. Conc. 61)
4 Bautismo:
El recién nacido de padres cristianos y el adulto que descubre a Cristo y cree en él, nace en el bautismo a la vida de Dios y es injertado en Cristo para formar parte de la Iglesia.
4 Confirmación:
Cuando el cristiano llega a cierta madurez y toma responsabilidad en la sociedad humana, es fortalecido en la confirmación, para que colabore también con Cristo y con la Iglesia a favor del Reino de Dios.
4 Reconciliación:
Cuando comete un pecado mortal, la mayor desgracia que le puede ocurrir, Cristo no lo abandona, sino le tiende la mano en el sacramento de la Reconciliación para restituirlo en la gracia de Dios. De igual manera ayuda el Señor en ese sacramento a superar los pecados veniales y fortalece en la lucha contra la tentación.
4 Eucaristía:
La eucaristía como sacrificio de Cristo es el ceno de toda la vida cristiana y fuente de las gracias salvíficas. Los demás sacramentos reciben las gracias que comunican de este fuente, y orientan a los fieles hacia la Eucaristía, preparándolos a participar con fruto en ella. “De la liturgia, sobre todo de la Eucaristía, emana hacia nosotros la gracia como de su fuente, y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como su fin” (Sacr. Conc. 10). Como banquete la Eucaristía alimenta y sostiene constantemente nuestra vida cristiana (cfr. Jn 6, 53-57) y le confiere las energías necesarias.
4 Unción de los enfermos:
La unción de los enfermos nos fortalece y anima en nuestros quebrantos corporales y espirituales y nos ayuda también a morir en la paz de Dios.
4 Orden Sacerdotal:
En el orden sacerdotal el Señor procura que su Iglesia disponga siempre de pastores y ministros que participan de su propio poder sacerdotal, para que su obra salvadora continúe y se extienda hasta el fin del mundo.
4 Matrimonio:
El sacramento del matrimonio une a los esposos en Cristo y santifica la familia, la célula de la cual se regenera constantemente la sociedad humana. De este modo es constituida como “Iglesia doméstica” (Lum. gent. 11) para difundir la salvación de Cristo, cual fermento, en toda sociedad.
A la acción salvadora de Cristo el hombre debe corresponder con la debida disposición: Siempre es necesario que crea en la acción de Cristo en el sacramento y que tenga la intención de recibirlo. Algunos sacramentos exigen además estar en gracia de Dios, o sea, libre de pecado mortal. Por eso son llamados “sacramentos de vivos”: Confirmación, Eucaristía, Unción de los enfermos, Orden Sacerdotal y Matrimonio. El Bautismo y la Penitencia son “sacramentos de muertos”, es decir, se administran a las personas aunque estén en pecado mortal, esto es, espiritualmente muertas.
El Concilio Vaticano II nos resume bellamente la doctrina de la Iglesia sobre los sacramentos como sigue: “Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios; pero, en cuanto signos, también tienen un fin pedagógico. No sólo suponen la fe, sino que, a la vez la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y cosas; por esto se llaman sacramentos de la fe. Confieren ciertamente la gracia, pero también su celebración prepara perfectamente a los fieles para recibir fructuosamente la misma gracia, rendir el culto a Dios y practicar la caridad.
Por consiguiente, es de suma importancia que los fieles comprendan fácilmente los signos sacramentales y reciban con la mayor frecuencia posible aquellos sacramentos que han sido instituidos para alimentar la vida cristiana.” (Sacr. Conc. 59)
7. Los sacramentales
Desde tiempos antiguos la Iglesia dio bendiciones a los hombres en diversas circunstancias de su vida y a lo que utilizan y producen (alimentos, casas, campos, utensilios de culto, etc.). Mientras los sacramentos consagran los momentos más importantes de nuestra vida, los sacramentales imploran la bendición de Dios sobre muy variadas situaciones humanas.
“La santa madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados creados según el modelo de los sacramentos, por medio de los cuales se expresan efectos, sobre todo, de carácter espiritual obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversa circunstancias de la vida.” (Sacr. Conc. 60)
Algunos sacramentales:
¨ Bendiciones
de agua, casas, imágenes, ramos, ceniza, cirios, etc.
El agua bendita es un sacramental que se utiliza en muchos otros
sacramentales y aun en sacramentos, por ejemplo en el bautismo.
¨ Consagraciones son bendiciones constitutivas, es decir, sustraen el objeto consagrado al uso profano y lo destinan únicamente al empleo sagrado. Se consagran iglesias, altares, cálices, etc.
¨ Jubileos son tiempos determinados, por ejemplo “Años Santos”, en que el Papa concede a los peregrinos en ciertos santuarios o a los fieles en general, gracias o indulgencias especiales, si cumplen con determinadas obras y condiciones.
¨ Procesiones y Letanías oficiales, por ejemplo la procesión de la fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de días rogativos, etc.
¨ Profesiones religiosas, con que los candidatos se consagran y obligan a la vida religiosa.
¨ Exorcismos para conjurar y expulsar al demonio.
Los sacramentales guardan cierta semejanza con los sacramentos en cuanto a los ritos, pero se distinguen esencialmente de ellos en su naturaleza y eficacia.
8. El recto aprecio de los sacramentales
Nuestro pueblo tiene los sacramentales en mucho aprecio, especialmente el agua bendita, la ceniza y los ramos bendecidos, la bendición de imágenes, de las casas, etc. Y en realidad, si se usan según la intención de la Iglesia, pueden fomentar mucho la vida cristiana. Pero no siempre los utilizan correctamente, por ejemplo cuando los procuran con afán descuidando al mismo tiempo los sacramentos o viviendo hasta en pecado. Ningún sacramental puede sustituir la conversión, que siempre es necesario para que este pueda producir su efecto. Otras veces tratan los sacramentales con cierta superstición, esto es, se espera de ellos efectos que realmente no pueden dar, así cuando aguardan milagros de una determinada imagen, a la que hasta dan mayor importancia que al mismo Santo representado por ella, o cuando se les atribuye poderes mágicos (curanderos que preparan sus “medicamentos” con agua bendita).
Esta situación exige que se aclare constantemente a los fieles el verdadero valor de los sacramentos dentro de la liturgia y de toda la vida cristiana, y que en la administración de ellos se utilicen los textos oficiales (Bendicional) con las lecturas bíblicas indicadas y la respectiva homilía, que puede incluir una breve catequesis sobre los sacramentales.
Preguntas para repasar, reflexionar y dialogar
1. Nosotros
usamos signos para entendernos.
¿Cuál es el gran signo de nuestra salvación?
2. Los
sacramentos son “signos eficaces” de salvación.
¿Qué nos señalan como signos?
3. ¿Qué nos dan como signos eficaces?
4. ¿Quién
es el sacramento primordial de nuestra salvación?
Explícalo.
5. ¿Porqué la Iglesia es el sacramento universal de salvación?
6. ¿Cuáles son los siete sacramentos y cuáles son los tres criterios en que se les puede agrupar?
7. ¿Quién actúa en todo sacramento?
8. ¿Qué
función tiene el ministro del sacramento
(sacerdote, diácono, etc.)?
9. Los sacramentos tienen de por sí una eficacia infalible. ¿Por qué?
10. ¿Cuándo la administración de un sacramento puede ser ineficaz?
11. Los sacramentos se constituyen de dos elementos externos. ¿Cómo se llaman y en qué consisten?
12. ¿Cuál es la “materia” y la “forma” de cada sacramento?
13. ¿En qué consiste la gracia interna de los sacramentos?
14. ¿Cuál es la gracia específica de cada sacramento?
15. En
lo general los siete sacramentos se celebran en los momentos más
importantes o apremiantes de nuestra vida.
Explica esto en base a cada sacramento.
16. ¿Qué disposición es necesaria para recibir fructíferamente los sacramentos?
17. Algunos sacramentos se llaman “de vivos”, otros “de muertos”. ¿Qué significan estas expresiones?
18. ¿Cuál es la naturaleza y la finalidad de los sacramentos?
19. ¿Qué son los sacramentales? Nombre algunos.
20. ¿En qué se distinguen sacramentos y sacramentales?
21. ¿Qué es lo que hay que evitar en el uso de los sacramentales?
22. ¿Cuál
es el fundamento de todos los sacramentos?
(Catecismo de la Iglesia Católica 1115)
23. Los sacramentos son “por la Iglesia” y “para la Iglesia”. ¿Qué quiere decir esto? (Catecismo de la Iglesia Católica 1118)
24. Según el Catecismo de la Iglesia Católica 1123, ¿qué quiere decir “sacramentos de la fe”?
25. ¿De qué o de quién depende la eficacia de los sacramentos? (Catecismo de la Iglesia Católica 1127, 1128)
26. ¿De
dónde viene la palabra “sacramento”?
(Catecismo de la Iglesia Católica 774)
27. ¿Qué
quiere decir “La Iglesia es sacramento”?
(Catecismo de la Iglesia Católica 775, 776)
28. ¿Qué
son los sacramentales?
(Catecismo de la Iglesia Católica 1667)
29. ¿A
cuáles necesidades responden los sacramentales?
(Catecismo de la Iglesia Católica 1668)
30. ¿De
dónde proceden los sacramentales?
(Catecismo de la Iglesia Católica 1669)
31. ¿Cuál
es el efecto de los sacramentales?
(Catecismo de la Iglesia Católica 1670)
P. Jorge
Nigsch
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