Casa de Encuentro Guadalupe
Vicariato Apostólico de Zamora, Ecuador

El Año Liturgico

Año Liturgico

 

1. CELEBRAMOS EL AÑO LITÚRGICO

Las eucaristías dominicales son las principales celebraciones litúrgicas del pueblo cristiano. Aunque idénticas en lo esencial, varían en lecturas bíblicas y otros textos a lo largo del año, de acuerdo con el misterio de Cristo y la historia de la salvación, que se conmemora en orden cronológico. Así se constituye el año litúrgico, dividido en ciclos o espacios de tiempo con características propias. Dentro del año litúrgico, los domingos son como los hitos que marcan el peregrinar de la Iglesia en el tiempo presente.

Las celebraciones de los diversos acontecimientos de nuestra salvación (nacimiento de Cristo, su muerte y resurrección, etc.) se distinguen esencialmente de otras fiestas conmemorativas, por ejemplo de las fiestas patrióticas, que quieren mantener viva la memoria de hechos pasados. Las obras de Dios, en cambio, no pasan; en cuanto a su contenido salvífico persisten para siempre, son eternas. Y cuando las celebramos en la liturgia, se ponen realmente a nuestro alcance con su rico contenido de gracias salvadoras. De aquí celebrar una fiesta de nuestra salvación es mucho más que refrescar la memoria, es participar misteriosamente en este mismo acontecimiento y disfrutar de sus riquezas espirituales. Esta realidad la designamos con las palabras “conmemoración” y “conmemorar”.

El siguiente texto del Concilio Vaticano II confirma lo dicho:

“La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra de su divino Esposo. Cada semana, en el día que ha llamado “del Señor”, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua.

Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor.

Conmemorando así los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que , en cierto modo se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación.”  (Sacr. Conc. 102)

2. LA ESTRUCTURA DEL AÑO LITÚRGICO

El año litúrgico no coincide con el año civil, sino que comienza cuatro domingos antes de Navidad y termina con la semana siguiente a la fiesta de Cristo Rey. Tiene fiestas fijas y movibles. Las primeras se celebran siempre en la misma fecha (por ejemplo: Navidad), mientras las otras, dependen de antiguas consideraciones calendarias del pueblo judío (por ejemplo: Pascua, que oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril).

El ciclo navideño

La primera parte del ciclo navideño (4 domingos) es el Adviento (= llegada) en que conmemoramos la larga espera del pueblo de Israel y la venida de Cristo en el tiempo. Además miramos hacia el futuro, hacia la segunda venida del Señor al final de los tiempos. El Adviento nos quiere preparar, tanto para la fiesta de Navidad, venida de Cristo en gracia, como para su venida definitiva, sea al final de la historia o sea en el momento de nuestra muerte. Es un tiempo de mayor austeridad, en que debemos revisar y corregir nuestra vida. Por eso el color litúrgico del Adviento es morada.

En la segunda parte del ciclo navideño, con las fiestas de Navidad y Epifanía, celebramos la venida  histórica de Cristo y su manifestación al mundo. En este espacio, el 1º  de enero, fiesta de “María, Madre de Dios” la Iglesia honra también a la que nos trajo el Salvador. Con tales motivos la liturgia rebosa de alegría. Para el día de Navidad nos ofrece hasta tres misas con textos distintos, con el fin de enfocar los diversos aspectos de la encarnación y del nacimiento del Hijo de Dios. La solemnidad y alegría de estos días se expresa en el color blanco de los ornamentos sacerdotales.

El tiempo ordinario

El Tiempo ordinario se divide en dos partes que varían en número de domingos, pues dependen de la fecha en que se celebra la Pascua de Resurrección. En la primera parte las lecturas se refieren con preferencia a los comienzos de la vida pública del Señor y a su anuncio de la llegada del Reino de Dios. La segunda parte, después de Pentecostés, simboliza la larga espera de la Iglesia por el regreso glorioso de su Señor, que conmemoramos en la fiesta de Cristo Rey. De muchas maneras nos preparan las lecturas de estos domingos a un fiel seguimiento de Cristo y a ser sus testigos en el mundo, siempre orientados hacia su Reino glorioso que nos dará al final de los tiempos. El color litúrgico del Tiempo ordinario es verde, color que simboliza la esperanza.

El ciclo pascual

El año litúrgico alcanza su cumbre en el Ciclo pascual, propiamente en la Semana Santa, cuando celebramos el misterio pascual, misterio de nuestra salvación. A este importante acontecimiento nos prepara la Iglesia durante la Cuaresma, que es un tiempo de penitencia y conversión. La liturgia enfoca en estos días verdades como la condición pecadora del hombre/mujer, la conversión, la misericordia de Dios, la cruz y el dolor humano como instrumentos de salvación, el sentido pascual de la penitencia.

A pesar de que cada domingo conmemoramos el misterio pascual, la Iglesia nos la hace celebrar de manera expresa en la Semana Santa. Con ritos litúrgicos impactantes de profundo sentido y en base a abundantes lecturas bíblicas nos lleva a acompañar a nuestro Salvador en su cruz y resurrección, a fin de que en espíritu de conversión y en la fe de resurrección nos incorporemos cada vez más en este mismo misterio. La celebración de la resurrección de Cristo en la Vigilia pascual es la cima de toda la liturgia, y su alegría no sólo irradia sobre las siguientes semanas del Tiempo pascual, sino sobre todo el año, particularmente sobre los domingos, que son los días santos del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, porque un domingo Cristo resucitó. El Tiempo pascual concluye con la fiesta de Pentecostés. En este día Cristo resucitado envió a su Iglesia desde el Padre al Espíritu Santo, capacitándola de ser testigo y portadora del Misterio pascual a todo el mundo.

3. OTRAS FIESTAS LITÚRGICAS

Además de conmemorar la obra salvadora de Dios a lo largo del año, celebramos varias fiestas que se refieren a otros misterios de nuestra fe, a la persona de Jesucristo, a su Madre santísima y a los Santos. Algunas de ellas son movibles, por ejemplo la Fiesta de la Santísima Trinidad (domingo después de Pentecostés), del  Cuerpo y de la Sangre de Cristo (segundo domingo después de Pentecostés), del Sagrado Corazón de Jesús (Viernes de la segunda semana después de Pentecostés). Otras fiestas son fijas, es decir, se celebran en determinadas fechas, por ejemplo:

  • Transfiguración de Jesús      6 de Agosto
  • Inmaculada Concepción de María  8 de Diciembre
  • Anunciación a María      25 de Marzo
  • Asunción de María al cielo    15 de Agosto
  • Nacimiento de Juan Bautista    24 de Junio
  • Fiesta de San José      19 de Marzo
  • y otras fiestas más

Los Santos son los cristianos que de manera ejemplar y heroica siguieron a Cristo y colaboraron con él en la implantación del Reino entre los hombres. Por eso su vida nos sirve como ejemplo. Además, gracias a sus méritos, son poderosos intercesores ante Dios, lo que nos da la confianza de implorar su ayuda en nuestras necesidades. De esta manera las fiestas litúrgicas de los Santos nos permiten experimentar la “Comunión de los Santos”, sintiéndonos miembros de la gran familia de Dios, que abarca cielo, tierra y también el purgatorio. El día de la conmemoración de los difuntos (2 de Noviembre) recordamos particularmente a estos hermanos en su última purificación.

4. EL DOMINGO, DÍA DEL SEÑOR RESUCITADO

El domingo cristiano no es un simple weekend (fin de semana) en el que se hace entrar también la misa. Es algo más, mucho más: es un día totalmente iluminado por la luz del Señor Resucitado. La misa es el momento más grande y noble del domingo cristiano; pero, no es todo. No basta haber participado en la misa, para decir que se ha vivido y santificado la fiesta, es decir, el domingo.

Todo el domingo cristiano es una celebración del Señor Resucitado. Es el día en que los cristianos dejan de ser hombres de la máquina y del trabajo febril y agitado, para recordar que son hombres resucitados en Cristo, y elevarse hasta las cosas eternas, con la oración, la participación en los divinos misterios, la meditación de la Palabra de Dios, etc. Junto a esto, y casi como consecuencia de esta ‘liberación pascual’, viene la alegría, el encuentro gozoso con familiares y amigos y las honestas distracciones.

El Domingo, como muchas realidades litúrgicas, se relaciona con el Señor Resucitado, en una forma misteriosa, que abarca el pasado, el presente y el futuro.

El pasado

Recuerda, efectivamente, que Jesús resucitó un Domingo hace cerca de dos mil años, en Jerusalén, dando comienzo así a una nueva creación.

El presente

Cada domingo, Cristo Resucitado renueva su encuentro con la Iglesia y la humanidad, para comunicarles su vida divina, que es vida de resurrección.

El futuro

El domingo nos deja entrever y pregustar la más gran de y última venida triunfal de Cristo Resucitado entre los hombres, para inaugurar el mundo de la gloria del riunfo final, el Domingo eterno de la alegría final.

El Domingo nos recuerda también el día de nuestro bautismo. Con el bautismo, hemos muerto y resucitado con Cristo. El Bautismo es nuestra Pascua de Resurrección, nuestra entrada en el mundo nuevo y en la nueva humanidad creada por el Señor Resucitado.

Cada domingo es una pequeña etapa en el gran camino que la humanidad va recorriendo, entre la Pascua histórica de Jesús, acaecida hace cerca de dos mil años, y la Pascua eterna, que será inaugurada con el regreso triunfal de Cristo Señor al fin del mundo.

Es fácil ver como, para celebrar dignamente el domingo, no basta una misa oída a la ligera. Todo el domingo debe vivirse en un clima particular que consagra aún el descanso y las distracciones.

En la Constitución sobre la Liturgia el Concilio Vaticano II dice:

“La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón ‘día del Señor’ o domingo. En este día los fieles deben reunirse a fin de que escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús, y den gracias a Dios que los ‘hizo renacer a la viva esperanza por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos’ (1 Pe 1,3). Por esto el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo. No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean, de veras, de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico.” (Sacr. Conc. 106)

 

5. PREGUNTAS PARA REPASAR

  1. ¿Cuáles son los espacios más importantes del año litúrgico?
  2. ¿En qué se distinguen las celebraciones litúrgicas de otras fiestas?
  3. ¿Qué significa ‘conmemoración’ o ‘conmemorar’”?
  4. ¿Qué tienen la Semana Santa y los domingos en común?
  5. En general ¿cuál es el contenido de las celebraciones dentro de un año litúrgico?
  6. El año litúrgico de divide en tres ciclos. ¿Cómo se llaman estos y cuál es el más importante?
  7. ¿Cuándo comienza y termina el año litúrgico?
  8. El ciclo navideño se divide en dos partes. ¿Cuáles son y cuál es el sentido de cada una?
  9. ¿Cómo está estructurado el ciclo pascual?
  10. Además de conmemorar a lo largo del año litúrgico la obra salvadora de Cristo ¿qué otras fiestas celebramos?
  11. ¿Por qué la Iglesia venera a los Santos?
  12. ¿Qué nos hace experimentar la recta devoción de los santos?
  13. ¿Qué importancia tiene el domingo? ¿Qué celebramos en este día?
  14. Mirando a los tiempos de los primeros cristianos ¿cómo resultó el domingo como lo tenemos hoy?
  15. Muchas celebraciones litúrgicas abarcan tres tiempos? ¿Cuáles son? Explícalo en basa al domingo y en base a la celebración del Adviento.
  16. ¿En qué manera se vincula del domingo con nuestro bautismo?
  17. ¿Qué incluye una verdadera cultura dominical en el sentido cristiano?
  18. ¿Cuál es el punto de partida o la fuente del año litúrgico? (Catecismo 1168, 1169, 1171)
  19. ¿Por qué la Iglesia venera con especial amor a la Virgen María? (Catecismo 1172)
  20. ¿Porqué la Iglesia hace memoria de los mártires y los demás santos? (Catecismo 1173)
  21. ¿Qué celebramos cada domingo? (Catecismo 1166, 1167)