FORMACIÓN PERMANENTE DE CATEQUISTAS

VICARIATO APOSTÓLICO DE ZAMORA, ECUADOR

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EL CATEQUISTA ES UN SERVIDOR DE DIOS Y DE LA COMUNIDAD

Objetivo:          

Al terminar esta lección usted ha de conocer mejor que un auténtico catequista debe:

 

A. VER - MIREMOS NUESTRA REALIDAD

 Conteste las preguntas y anote sus respuestas:

 

B. JUZGAR - ¿QUE NOS DICE LA PALABRA DE DIOS?

 ¿A quiénes llama Jesús?

Leamos Mateo 4, 18-22

¿Quiénes eran las personas que Jesús llamó?
¿Qué ocupación tenían?
¿Por qué Jesús escogió a gente sencilla para entregarle su mensaje?


Aspectos de la vida de los discípulos

Lo primero que nos presenta es que eran gente sencilla y pobre: el grupo estaba conformado por pescadores, campesinos y algún empleado. Eran trabajadores ocupados, por eso el encuentro con Jesús era cuando estaban en sus faenas: “Eran pescadores y estaban echando la red en el agua.” Estaban listos para servir por eso aceptaron la invitación que Jesús les hizo “para ser pescadores de hombres”.

En el Evangelio de San Juan aparecen como gente preocupada e inquieta que buscaba al Mesías; por eso cuando unos lo encontraron se lo comunicaron a los otros: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41). De cobardes se volvieron gente decidida y valiente que aceptaron hasta la muerte por ser fieles a la misión que les encomendó el Maestro: “Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres” (He 5,29).

Como podemos ver, Jesús no busca ni sabios ni ricos sino corazones sencillos, de buena voluntad, dispuestos a recibir su mensaje y a compartirlo con su comunidad.

 

¿Cómo se prepara un discípulo de Jesús?

Para poder hablar acertadamente de una persona hay que conocerla bien.

Leamos Mateo 20,20-28:
¿Cuál debe ser la actitud del testigo de Jesús frente a su comunidad?

Leamos Juan 15,1-17:
¿Cuándo un discípulo de Jesús da verdaderamente fruto?
¿Cuál es el mandamiento que nos dejó Jesús?
¿Cómo trató Jesús a sus discípulos? ¿Por qué?

Los discípulos debían aprender la Palabra y la Vida de Jesús para poder comunicarla y ser testigo de El; y fue Jesús mismo quien se encargó de prepararlos.

¿Cómo lo hizo? ¿Qué debe saber un catequista? ¿Cómo debe vivir?

Lo primero que fueron aprendiendo los discípulos fue quién era Jesús y qué misión tenía; para conocerlo bien los discípulos aceptaron la invitación que Jesús les hizo para que lo acompañaran y vivieran con El; por eso al final de su vida Jesús les dice: “Yo les he dado ejemplo para que también hagan lo mismo que yo he hecho” (Jn 13,15)

Viviendo con Jesús, los discípulos fueron aprendiendo a comprender y a perdonar; a tratar con respeto y con cariño a la gente. Jesús les corrigió ambiciones y les advirtió que debían ser servidores de la comunidad y no buscar ser servidos ni vivir a costa de ella: “El que quiera ser grande entre ustedes debe servir más a los demás” (Mt 20,27)

En la última Cena Jesús insistió mucho a sus discípulos en que debían amarse y permanecer unidos porque ese era el mejor testimonio que podían dar de El; el amor y la unión serían también un motivo fuerte para que la gente creyera en ellos: “Les doy este mandamiento mío: que se amen unos a otros... Si se aman unos a otros todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos” (Jn 13,35).

Para  cumplir bien con su misión los discípulos deberán permanecer unidos a El como la rama debe estar al tronco, si quiere dar fruto. Esto quiere decir que los discípulos deberán ser hombres de oración, de unión con Dios y con su comunidad: “El que sigue unido a mí y yo unido a él ese da mucho fruto” (Jn 15,5).

Con todas estas enseñanzas y ejemplos de vida, Jesús fue preparando al grupo que sería como el fermento del Reino, el nuevo Pueblo de Dios formado por hombres que piensan y sienten como Jesús, porque viven la Palabra y practican su Obra, porque saben servir a su comunidad y tienen la fuerza que da la oración.

 

Los discípulos cumplieron bien con su misión

Los discípulos aprendieron bien las enseñanzas de Jesús y fueron auténticos testigos de su Vida; por eso San Pablo dijo: “Cada uno de nosotros hizo el trabajo que el Señor le señaló” (1 Co 3,5).

El fruto de este trabajo fue la conversión a Jesucristo de personas que formaron grupos y vivían de acuerdo con el mensaje de Jesús: “Todos los que habían creído... día tras día se reunían en el templo a orar y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y humildad de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba”.

Leamos He 2,46-47:
¿Hay algún parecido entre la manera de vivir las primeras comunidades cristianas y la manera de vivir nuestra comunidad.? ¿Cuál?
¿Hay diferencias? Explique.
En nuestra comunidad ¿quiénes están al servicio del Evangelio?
¿Qué hacen? ¿Necesitan mejorar en algo? ¿En qué?

 

C. ACTUAR - ¿QUE PODEMOS HACER NOSOTROS?

Todo catequista ha sido llamado por Dios a través de su comunidad, y su misión es servir. Sembrar en una comunidad la Vida y la Palabra de Jesús para que sus miembros crezcan en la fe y en la fraternidad es, sin duda, el mejor servicio que se le puede prestar. Pero, que la comunidad vea en el catequista a un testigo de Jesucristo es también un servicio de Dios.           

Lo que Jesús dijo a sus discípulos se lo dice a usted hoy: “Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra” (Mt 5, 13-14). Usted debe tener en cuenta que el grupo de catequizandos, al que está acompañando, o se está preparando para acompañar en su proceso de crecimiento en la fe, son compañeros suyos, de su misma comunidad, hijos de Dios y hermanos en la fe; ellos también son Iglesia.

Por esta razón, el catequista auténtico ni se siente superior a sus compañeros catequizandos, ni los trata con dureza. Más bien, debe sentirse amigo y hermano que comparte con ellos su experiencia y juntos recorren el camino de la fe porque como ellos busca a Jesucristo.

Poco a poco el catequista, con la ayuda del párroco, tiene que concientizar a los padres de familia que ellos son los primeros catequistas de sus hijos (LP 267). La tarea del catequista no consiste en reemplazar a los padres de familia en su primer deber de la educación de sus hijos en la fe, sino completar y apoyarles. Por eso hay que dar preferencia a la catequesis familiar en la preparación de los niños a los sacramentos (LP 268) y el catequista debería estar en un diálogo o contacto permanente con los padres de familia.

 

Responda las preguntas y anote sus respuestas: 
¿Está usted al servicio del Evangelio? ¿Por qué? ¿Cómo lo está haciendo?
¿Qué le pide Jesús a la persona que desea anunciar el Evangelio?
¿Cómo debe ser la actitud del catequista frente a su comunidad?
¿Qué va usted a hacer para ser un buen testigo de Jesús y buen servidor de su comunidad?

 

CUESTIONARIO PARA EL REPASO DEL TEMA:

 


P. Jorge Nigsch
Correo electrónico:  encuentro@guadalupe-ec.org

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